Ismail I (1314 – 1325 / 713 - 725)

La llegada al trono de Abu l-Walid Ismail b. Faray b. Isma´il b. Yusuf b. Muhammad b. Ahmed b. Muhammad b. Jamis b. Nasr b. Qays al-Ansari al Jazrayi, supone el cambio en la línea sucesoria, pues hasta ahora el trono había recaído en descendientes directos de Ibn al-Ahmar y en este caso pertenece a la línea que partía del hermano de Muhammad I, al-Ahmar.

Durante su reinado no se produjeron grandes acontecimientos, disfrutando de una relativa paz. Quizás el principio del mandato fue el más agitado, pero recordemos que accedió al trono tras haberse enfrentado con el anterior sultán, su tío Nasr, derrocándolo y enviándolo como gobernador a Guadix.

En 1316 se produce una batalla en el rio Guadahortuna en la que Nasr con ayuda de Castilla derrota al ejército granadino. En contra, ese mismo año, Granada con el apoyo del gobernador de Ceuta, Yabya b. Abi Talib aumenta su control en el estrecho, llegando a entrar en Gibraltar.

Tres años después, en 1319 de nuevo Castilla lanza una ofensiva contra Granada, llegando esta vez a entrar hasta la Vega y las murallas, asediando la ciudad. El 26 de junio de este año, Utman b. Abi l-Ula al frente del ejército granadino derrota a los castellanos en la batalla de la Vega, donde murieron los infantes regentes de Alfonso XI, Don Pedro y Don Juan, como consecuencia Castilla firmaba la paz en junio de 1320.

Un año más tarde ocurría lo mismo con Aragón, Jaime II firmaba un tratado de paz por cinco años, que al finalizar se renovó por otros cinco.

No teniendo que preocuparse por ataques externos, recuperó Guadix a la muerte de Nasr, 1322, Huéscar en julio de 1324, Baza y Martos en 1325, entre otros.

Murió asesinado el 8 de julio de 1325 a manos de su primo Muhammad b. Ismail, gobernador de Algeciras, a los 46 años de edad, pues nació el 3 de marzo de 1279.

Ibn al-Jatib en su libro Lamha, lo describía de la siguiente forma:

“Era, Dios haya tenido misericordia de él, de bella figura, de hermoso aspecto, hombre serio, de buen corazón, temeroso de Dios, de fe sincera, firme en sus actitudes, casto, criado en el regazo de la pureza, alejado de las frivolidades y abstemio. Se crió ocupado en las cosas propias de su condición, disfrutando de las gracias de su padre, particularmente de la preferencia del sultán su abuelo el padre de su madre y primo de su padre. Era muy aficionado a la caza. Sentía gran placer en procurarse buenas armas, en la buena calidad de sus caballos y en la agilidad de las aves de altanería. Hasta que por fin llego al poder, le fueron propicios los días, le sirvió la fortuna, se trasladó al trono y se hizo famoso. Administró la justicia a los súbditos; observó un justo medio en la percepción de tributos; se esforzó en rechazar a los enemigos de Dios y a los suyos propios y reparó las brechas de las fronteras. Fue un lucero en medio de su pueblo, , una perla en su casa y un hombre excelente en su tiempo”.

 

Lamha, trad. J.Mº Casciaro.

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