Abd Alláh (1077 - 1090)

 

Cuando ´Abd Alláh llegó al trono era bastante joven, nació en 1056, y los Sinhaya dudaban de la decisión tomada por el difunto Badis. Pero no tenían muchas alternativas, estaba el hijo de Badis, Maksan, odiado por todos los estamentos de Granada, quedando descartado podían elegir entre ´Abd Alláh, designado por Badis como heredero o Tamin, su hermano mayor, que era igual tan cruel como su abuelo. Ante la escasez de opciones se quedaron con ´Abd Alláh que al ser todavía joven se le podría manejar y educar a gusto de ellos.

 

A Tamin se le adjudicó Málaga, convirtiéndose prácticamente en un reino independiente.

 

La misión de educar al joven rey, como no podía ser de otro modo, recayó en un noble Sinhaya llamado Simaya, que además gobernó Granada durante ese periodo.

 

El reinado de ´Abd Alláh tuvo tres amenazas, una de las cuales conseguiría destronarle en 1090.

 

Por un lado estaba el rey Motamid de Sevilla, éste era árabe y como tal enemigo de los beréberes y mucho más de los ziríes de Granada, además, su visir Ibn Ammar quería Granada para él. En Castilla estaba Alfonso VI hostigando permanentemente a los moros y arrebatándoles posesiones y por último, en África los Almorávides con Tasuffin al frente dominaban desde el Senegal a Argel.

 

La rivalidad entre Motamid y ´Abd Alláh fue hábilmente utilizada por Alfonso, envió embajadores para exigirle a Granada el pago de tributos, a lo que el rey granadino se negó, pues no consideraban una amenaza a Alfonso, ya que el reino cristiano no era limítrofe con el de Granada.

 

Pero los castellanos aceptaron la propuesta del visir de Motamid y se unirían para hostigar Granada desde un castillo que construirían en los límites de la vega granadina, el Castillo de Velillos. Desde allí arrasaban cosechas y alquerías. Pero la invasión de Córdoba por el rey de Toledo, hizo dirigirse a los soldados del emplazamiento a la defensa de Córdoba, abandonando el castillo que fue tomado por Granada.

 

Se produce entonces un paréntesis en el que ´Abd Alláh pone en orden el gobierno interno del reino, para ello establece audiencias en las que el pueblo llano podía denunciar las injusticias y abusos que cometían los gobernantes, esto se saldo con la destitución de varios gobernadores, incluso fue destituido el propio visir Simaya.

 

De nuevo tiene el rey que enfrentarse a intentos de invasión, esta vez por parte de su hermano, el príncipe Tamin de Málaga. ´Abd Alláh organizó un ejército con el que tomó castillos y plazas fuertes de su hermano.

 

´Abd Alláh llegó a Málaga, acampando con su ejército bajo las murallas de la Alcazaba. Nadie quería un enfrentamiento entre hermanos.

 

Al final Tamin pide perdón a su hermano y le propone que todo quede como estaba. ´Abd Alláh aceptaría, pero asegurándose de que no volverá a ser una amenaza. Para ello le deja el mando de una comarca en la que la población era mozárabes por lo que en caso de un nuevo alzamiento no tendría el apoyo del pueblo.

 

Se sumergió Granada en un periodo de paz, en el que el rey pudo cultivar su afición a la escritura y poesía, en definitiva dedicarse a los placeres que le ofrecía un reino rico y exuberante.

 

Poco duró este periodo. Alfonso había tomado Toledo y enviaba embajadores a los reinos de al-Andalus para incrementar sus tributos y así debilitarlos.

 

Motamid, rey de Sevilla, vio la solución en el nuevo movimiento religioso que emergía en África, los Almorávides. Los hizo llamar y se aliaron contra los castellanos, a los que derrotaron en Badajoz.

 

Tasuffin, emir de los almorávides, vio en al-Andalus un país en el que sus reyes estaban desunidos y enfrentados, facilitando el avance cristiano, por otro lado quedó deslumbrado ante la belleza y riqueza de al-Andalus.

 

Aunque Tasuffin regresó a África, sería requerido de nuevo por Motamid, esta vez para ayudarle contra el príncipe de Murcia, que se había revelado. Pero esta ocasión sería aprovechada por los almorávides para ponerse de su lado al pueblo e incrementar aún más las diferencias entre los reyes de al-Andalus.

 

Así las cosas, en la tercera “visita” de los almorávides, tras la invasión de Sevilla por Alfonso, el emir Tasuffin envió mensajes a todos los castillos para que se sometieran a él o se les declararía la guerra. Ninguno rechazó la oferta y se alejaron todos de ´Abd Alláh, quedándose éste sólo y sin apoyos.

 

´Abd Alláh se rindió llevándose tan solo dinero y algunas joyas que le permitirían vivir su destierro en Mekinés, donde escribió sus memorias.