Zawi ben Zirí (1020 - 1025)

 

Zawi era el jefe de la tribu berebere de los Sinhaya, que tras la caída del califato de Córdoba y la aparición de los reinos de Taifas, se hace con el poder en la cora de Elvira.

 

Cuentan los historiadores de la época, que los habitantes de Elvira eran gentes que no podían sufrirse los unos a los otros, es más se odiaban. Su convivencia era difícil hasta el extremo de no querer cruzarse unos con otros al caminar por la calle. A esto hay que añadirle que eran cobardes, incapaces de unirse para luchar contra cualquier invasor que pudiera llegar en esos tiempos de “anarquía”. Encontraron la solución en los Ziríes, a los que ofrecieron alimentos, riquezas y poder a cambio de que los defendieran y gobernaran.

 

Los Sinhayas se dispusieron a organizar una sociedad, a la que se unieron bastantes castillos de los alrededores, Jaén, Iznajar, … En todos estos territorios, Zawi fue colocando al frente a hombres de su confianza.

 

Pronto la noticia de que los Sinhaya de Zawi se habían hecho con el poder en Elvira llegaron a todos los puntos de al-Andalus, llegando a oídos del autoproclamado califa y bisnieto de Abd al-Rahman III, al-Murtadá, que había jurado su cargo en abril de 1018, que había organizado un gran ejercito y tenia las intenciones de incorporar Elvira a sus territorios.

 

Al-Murtadá concentró su ejército a las puertas de Elvira con la intención de expulsar a los Sinhaya y hacerse con el control de Elvira.

 

Fue entonces cuando Zawi propuso trasladar la ciudad, Elvira se encontraba en un terreno de difícil defensa y sin agua. Los habitantes le mostraron un antiguo castillo, construido por un wali nombrado por Abd al-Rahman alrededor del año 765. Dicho castillo se encontraba en una colina frente a la ciudad habitada por los judíos, en esta colina se encuentra hoy en día el Albayzin.

 

Se reconstruyeron casas y murallas y todos los habitantes de Elvira se trasladaron al nuevo emplazamiento.

 

El ejército de al-Murtadá traslado igualmente su campamento a las puertas de la nueva ciudad. Una vez allí enviaron mensajeros a Zawi para que se rindiera, a lo que éste se negó. Hizo llamar a destacamentos y oficiales que había dejado al frente de las plazas que se unieron, con lo que llego a contar con un ejército de alrededor de 1000 soldados.

 

Ante la negativa de Zawi a rendirse, al-Murtadá ordenó atacar la ciudad, contaba con unos 4000 soldados.

 

Los Sinhayas se lanzaron contra un ejército más numeroso, pero a pesar de la inferioridad en número lograron poner en fuga al enemigo que huyó en completo desorden.

 

Tras esto se le unieron numerosos poblados de los alrededores, los judíos le reconocieron como rey, además se incluyo en su reino los territorios de los vencidos.

 

En 1025 Zawi marcha hacía África, había muerto el rey Badis ibn Munsur y el sucesor era su hijo que aún era un niño. Zawi albergó la idea de hacerse con el poder allí y aliarse con Granada. Dejó al frente a los jeques, a los que hizo jurar fidelidad y que mantendrían el reino hasta su regreso.

 

No había llegado aún a la costa cuando recibió la noticia de que los jeques le habían traicionado haciendo llamar al sobrino de Zawi, Habus ibn Maksan, que estaba al frente de Jaén, haciéndolo dueño y rey de Granada.

 

Zawi murió poco después en África, envenenado por los visires del rey niño al-Muizz, pues vieron en él una amenaza para sus ansias de poder.